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3º dia de Esperanzah! World Music

 

Si algo hemos aprendido durante este primer Esperanzah! en el Part de Llobregat, es que hay todo un mundo que nunca sale por la TV. Un mundo de personas que colaboran de mil maneras diferentes, aportando cada una su granito de arena, para sacar adelante un proyecto colectivo. Sin vender humo.

La última jornada del Esperanzah! comenzó siendo un domingo plácido y relajado. A primera hora de la tarde, cuando los gatos buscan desesperados la sombra bajo los coches, en el escenario OFF se escuchaba una bellísima música de aires medievales, mozárabes, a cargo del grupo FLIPIN FOLK. Algunos críos correteaban alegres, y otros sentían la llamada de una siesta aliviadora, avivada por las caricias de estas notas tan dulces. A escasos metros, un círculo formado por los participantes del Deep Listening llevaba a término sus ejercicios para conectar con el entorno y despertar así la propia conciencia. También había mesas ocupadas por familias que aún reposaban después de comer, con el abatimiento propio de las digestiones veraniegas. Esperanzah! fluía, poco a poco, natural y espontánea hacia su final.

Por un lado, RadioChango -que ha informado, junto a Radio Nikosia, por Internet de todo lo ocurrido durante estos tres días en el Parc Nou- entrevistaba a los fundadores belgas de Esperanzah!, recogiendo la satisfacción que les ha producido esta primera edición mediterránea de su idea original, esto es, celebrar un festival "diferente"; y por otro lado, en la zona de Reflexión de Esperanzah! se realizaba una charla entorno a los alimentos transgénicos con los ponentes Jordi Menéndez, de ‘Veterinaris sense Fronteres', i Jordi Vilamitjana, de ‘Som lo que sembrem'. Esta conferencia fue de gran interés àra comprender que la propagación de los productos transgénicos suponen, entre otras factores, una pérdida de biodiversidad, el aumento de químicos y, sobretodo, la defensa de un modelo agropecuario que, lejos de pretender acabar con la desigualdad y el hambre en el mundo, busca acumular más capital en menos manos. También se aprovechó la ocasión para explicar la Iniciativa de Ley Popular que se debatirá el jueves 2 de julio en el Parlament de Catalunya, con el fin de convertir este país en una zona libre de transgénicos. En la zona infantil, mientras tanto, las nenas y los nenes se divertían con juguetes como los zancos o los esquís de tres personas. Y el payaso salvadoreño Lamparín actuaba en un espectáculo de fono-mímica, haciendo las delicias del público.

Tras la actuación de la artista del Prat de Llobregat, MIREIA CRUZ, aparecieron LES FRÈRES GUISSÉ, el trío senegalés que, con su estilo pecan llenaron de magia el escenario Delta de Esperanzah!. Acto seguido, actuó KEAZIAH JONES, el bluefunker nigeriano que brindó un concierto espectacular, con una puesta en escena de aquellas memorables: 100% actitud rock'n roll. Acompañado tan sólo por el bajo y la batería, y con él mismo tocando la guitarra, Keziah Jones se llevó a todo el público de Esperanzah! a un viaje hacia los años setenta, justo cuando el sol iniciaba su retirada.
El público de Keziah Jones dejó paso, en el último concierto, a una mayoría de espectadores que ya peinaba canas, que habían entrado a Esperanzah! con sus nietos y que probablemente nunca habían oídoa hablar de Keziah Jones, pero sí de José Domínguez EL CABRERO, historia viva del flamenco.

El Cabrero, genio y figura, sacó a relucir todo un repertorio de milongas, fandangos, sonetos y malagueñas, que pusieron la piel de gallina a cualquiera que se encontrara en Esperanzah!, incluidas las sillas, las mesas y las papeleras: imposible resistirse. Las letras comprometidas y poéticas de El Cabrero, sus extraños métodos para hacer llegar la cultura al pueblo llano, citando a Lorca o a Miguel Hernández, clamando contra el clero y el ‘Poder', hicieron que su excéntrica figura dentro de un cartel musical como el de Esperanzah! tomase, de repente, un sentido, más que global, redondo.



Muchos vecinos de El Prat de Llobregat se acercaron a ver a El Cabrero. Se emocionaron con sus canciones, que hablan de justicia y lucha, de tolerancia y convivencia. Una niña pequeña se lo miraba desde primera fila, sorprendida por las reacciones emocionadas de su abuela ante El Cabrero. Y cuando el concierto acabó, con la luna poniéndose por Huelva, se escuchó a un hombre mayor que gritó, conmovido: "¡Ya me puedo morir tranquilo!". Veremos si dice lo mismo el año que viene.
 





 





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