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África: Políticas agrícolas

 



www.180latitudes.org

Por Coalition pour la Protection du Patrimoine Génétique Africain (COPAGEN)

Durante los últimos 50 años, las políticas agrícolas de los países africanos se han centrado en el fomento de los monocultivos. El algodón, el cacao, el aceite de palma, el caucho, el cacahuete y otros sectores alimentan hoy a las industrias. El escaso apoyo a los cultivos de subsistencia es una de las causas principales de la actual crisis alimentaria, que ha desembocado en los recientes disturbios contra el aumento de los precios de los alimentos.

Las explotaciones agrícolas familiares, a pesar de las dificultades a las que enfrentan, son en gran parte las responsables de garantizar la autosuficiencia alimentaria en el continente. Cuando las condiciones climáticas son buenas, algunos países del Sahel, Malí y Burkina Faso, producen excedentes de cereales. Según datos proporcionados por la Oficina Nacional para la Seguridad Alimentaria, en la demanda de tubérculo en 2007 en Benín fue totalmente satisfecha con producción nacional -más de 5.400.000 toneladas-.

La agricultura familiar, crisol de la cultura africana, además de su capacidad para alimentar a la población, es la mayor fuente de empleo en el continente y ha podido adaptarse a los cambios, en particular al cambio climático.

Los pequeños agricultores africanos, a pesar de su aparente fragilidad, conocen muy bien la rica diversidad biológico-agrícola del continente. Cuando este conocimiento se explota con técnicas agroecológicas se producen resultados muy satisfactorios. El uso de abonos orgánicos, como el compost, y las técnicas de lucha contra la erosión han duplicado e incluso cuadruplicado los rendimientos de las semillas locales. El control integral de plagas sin el uso de pesticidas ha conducido a un aumento de la producción en un 30%. Por último señalar que en Malí, los productores de arroz obtuvieron el premio al mejor rendimiento, con más de ocho toneladas por hectárea, utilizando únicamente abonos orgánicos y semillas locales.

Sin embargo, el escaso apoyo gubernamental hacia este tipo de actuaciones ha ido cortándole las alas. De 1984 a 2006, las ayudas públicas a la agricultura se redujeron en casi un 62,5%, de 8.000 millones de dólares a 3.000 millones. En promedio, los países en desarrollo asignan el 4% de sus presupuestos nacionales a la agricultura, y algunos asignan sólo el 1% o incluso menos. Estas cifras muestran claramente el creciente desprecio hacia la agricultura, a pesar de que este sector proporciona el 60-80% de los puestos de trabajo y representa el 25-40% del PIB de los países africanos.

Lamentablemente, un mal análisis sobre la reciente crisis alimentaria ha valido a los dirigentes africanos para desacreditar la agricultura tradicional e introducir políticas que promueven la industria en lugar de las explotaciones agrícolas familiares.

Los violentos disturbios contra el aumento del costo de la vida obligaron a la comunidad internacional a reflexionar sobre la importancia vital de la agricultura en el mantenimiento de la estabilidad política y la seguridad nacional, e incluso internacional. Por ello, se convocaron varias reuniones para discutir la situación en África y en otros lugares, a fin de recaudar importantes cantidades de dinero.

Ya se ha anunciado la concesión de algunos fondos y varios países africanos están preparando un plan estratégico para reactivar sus sectores agrícolas. Estos planes tienen como objetivo esencial promover la agroindustria mediante la concesión de grandes extensiones de tierra a nacionales y, más aún, a gobiernos extranjeros y empresas transnacionales. En Madagascar, por ejemplo, se han concedido cerca de 1.500.000 hectáreas a la empresa coreana Daewoo. No sorprende que en otros países se estén llevando a cabo medidas similares y que las actuales reformas agrarias de la mayoría de los países de África Occidental pretendan legitimar este tipo de situaciones. Se dejan fuera a los pequeños productores dedicando grandes áreas al monocultivo y a la producción de agrocombustibles. Además de las advertencias sobre el riesgo de hambre, podemos esperar una verdadera crisis social.

Lamentablemente, este modelo de producción, que ya existe en Europa, sólo es viable gracias a las subvenciones públicas masivas y el uso intensivo de pesticidas químicos y fertilizantes, lo que acelera la destrucción del medio ambiente. Por ejemplo, la Unión Europea y los Estados Unidos conceden 350 millones de dólares al año en subvenciones agrícolas, frente a los sólo 50.000 millones de dólares en ayudas públicas a África. Habida cuenta de los escándalos de las vacas locas y la dioxina de pollo, este modelo agrícola cada vez se pone más en tela de juicio en los países occidentales, que están girando hacia la salud a través de los alimentos producidos orgánicamente.


Por ello, hacemos un llamamiento a nuestros dirigentes a ser cautelosos y promover la agricultura familiar, que ha demostrado que puede ser exitosa y pedimos a los campesinos de África que protejan su agricultura, como siempre lo han hecho.

Felicitamos a los países africanos que han mostrado su confianza en algunos agricultores, otorgándoles un lugar destacado y poniéndose incluso a la vanguardia en la elaboración de leyes de su política agrícola. A este respecto, Senegal y Malí pueden hablar de sus experiencias. También podemos escuchar a los agricultores de Benín que actualmente están participando en la revisión del plan estratégico del país para relanzar el sector agrícola.

Fuente: grain.org

Traducción: Marisa González (180latitudes)


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