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Un nuevo modelo para un derecho humano

 



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El pasado 4 de mayo, el relator especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Olivier De Schutter, puso de relieve el papel único de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible (CDS) de las Naciones Unidas en los actuales debates sobre el futuro del desarrollo agrícola. Sus declaraciones fueron hechas durante la presentación de la 17ª reunión de la Comisión, que estuvo centrada en agricultura, desarrollo rural, tierra, sequía, desertificación y África.

De Schutter dijo que para que el desarrollo agrícola sea sostenible, debe centrarse esencialmente en los derechos humanos, y por esa razón es necesario avanzar hacia un modelo en el que el derecho a una alimentación adecuada sea un derecho humano. Esto es lo que se recoge en la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

De Schutter promueve un modelo que dé prioridad a las necesidades de las personas más vulnerables, que define sus puntos de referencia no sólo por los niveles de producción alcanzados, sino también por su impacto en la diversidad de métodos de producción de alimentos, y que basa los procesos de toma de decisiones sobre mecanismos de participación.

“El aumento de las inversiones en la agricultura, en particular en África, es fundamental, pero esto se debe pensar seriamente. La experiencia adquirida de la crisis puso de manifiesto que la cuestión clave no es simplemente la de aumentar los presupuestos asignados a la agricultura, sino más bien, la de elegir entre diferentes modelos de desarrollo agrícola que puedan tener diferentes efectos y beneficiar a distintos grupos de forma diferente", afirmó De Schutter a la CDS .

Este nuevo modelo debe proteger, promover y garantizar el acceso y el control de pequeños agricultores y campesinos a la tierra. También debería promover la reforma agraria, garantizar el acceso a los recursos productivos y la protección de las personas contra las adquisiones de grandes transnacionales.

Este modelo tiene que poner en práctica alternativas productivas que no contribuyan al cambio climático.”El aumento de la producción agrícola debe ir de la mano del aumento de los ingresos de los más pobres, especialmente los pequeños agricultores, y con el cambio a modos de producción que no contribuyan al cambio climático”, destacó De Schutter.

Con todo, es un modelo que promueve y garantiza, de manera sostenible, el derecho a la alimentación como un derecho fundamental de las comunidades para producir alimentos y para definir la comida que desean consumir. Un modelo que es más acerca de “cómo ayudar al mundo a alimentarse” que sobre “cómo alimentar al mundo”, añadió.

La hora de las recomendaciones
En sus recomendaciones a la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, De Schutter incluía “la necesidad no sólo de aumentar la producción de alimentos, sino de reorientar los sistemas agroalimentarios y las normas que influyen en ellos a nivel nacional e internacional, hacia la sostenibilidad y hacia la realización progresiva del derecho a la alimentación” .

Asimismo, recomendó una reorientación de ciencias agrarias, políticas e institucionales, y la necesidad de anticipar los efectos del cambio climático en la agricultura, y subrayó la necesidad de una diversidad de sistemas agrícolas capaces de hacer frente a las perturbaciones del clima, incluidos los sistemas agroecológicos.

Además, De Schutter demandó una Cumbre Mundial sobre la Alimentación con un amplio programa para alentar a la comunidad internacional para abordar las causas estructurales de la crisis alimentaria y llenar las lagunas dejadas por la fragmentación actual de la gobernanza global. El programa también debería incluir, según el relator especial, las cuestiones relacionadas con la insuficiente o inadecuada inversión en la agricultura, la desregulación de los mercados, la especulación financiera de productos agrícolas básicos, la escasa protección de los trabajadores del sector y la búsqueda de una reglamentación adecuada de la cadena agroalimentaria.

Asimismo, instó al CSD a promover la adopción de estrategias nacionales para el derecho a la alimentación que sean comprensibles y estén destinadas a la creación de una ordenación sostenible de los sistemas agroalimentarios, incluyendo la producción, transformación y consumo.

Por último, De Schutter subrayó el hecho de que el CSD debe contribuir a la mejora del reconocimiento de la comunidad internacional de los pequeños agricultores y su derecho de acceso a la tierra. Añadió que para que eso ocurra es necesario poner de relieve el papel único de la reforma agraria y adoptar directrices internacionales a gran escala.

Nuestra ruta: la soberanía alimentaria
Hay muchas opiniones comunes sobre la presentación de De Schutter compartida por Vía Campesina y Friends of the Earth International.

Estamos de acuerdo en defender el derecho del pueblo a una alimentación adecuada, destacando que ello implica un reconocimiento de que los alimentos deben ser suficientes, nutritivos, saludables y producidos de manera ecológica y culturalmente apropiada. También implica el derecho de los campesinos y pequeños agricultores a producir alimentos para ellos y para sus comunidades. Campesinos, pequeños agricultores y pescadores artesanales tienen que desempeñar un papel central en cualquier estrategia para resolver el problema del hambre y la pobreza.

También estamos de acuerdo en la necesidad de garantizar el derecho de las personas a acceder a la tierra, y con ese objetivo es crucial para poner fin a las adquisiciones de tierras en ultramar. Entendemos que masivas adquisiciones o tomas de tierra destinadas a la producción agro-combustibles, alimentos para animales, plantaciones de árboles para producir pulpa, papel y madera, y para proyectos mineros están quitando a los pueblos indígenas, pescadores y pequeños agricultores la posibilidad de acceder a estos recursos. Además, estas adquisiciones son la causa de peligrosos daños sobre el medio ambiente y en la capacidad de las comunidades para mantener estilos de vida sostenibles. En resumen, en su soberanía alimentaria.

Pero mucho más allá, el derecho de acceso al agua debe estar garantizado y se debe reconocer que las personas deben controlar sus propios territorios. Esto implica mucho más que la búsqueda de mecanismos para promover su participación en los procesos de toma de decisiones, implica el control de estos procesos.

Por otra parte, estamos de acuerdo en la promoción de soluciones reales para ayudar al mundo a alimentarse, para permitir a las comunidades producir su propia comida en lugar de limitarse a adherirse a las “soluciones” de los que tienen por objeto la alimentación de ellos. Esto se debe a que defendemos los derechos de los pueblos a definir y controlar su alimentación y sistemas de producción de alimentos a nivel local, nacional, ecológico, justo y soberano. Esta es la soberanía alimentaria, la capacidad de las personas a elegir qué y cómo producir y cómo comerciar. Esto incluye la necesidad de regular para hacer retroceder la influencia del sector empresarial, un sector cuyo objetivo es “alimentar al mundo” a través de su industrial y destructivo modelo de producción.

Del mismo modo, apoyamos a De Schutter cuando da prioridad a las personas más vulnerables. Los que producen y consumen los alimentos deben estar en el centro de la política alimentaria, y se les debe dar prioridad sobre el comercio y los negocios con el fin de hacer hincapié en las economías locales y nacionales. Se trata de dar prioridad a la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación en los acuerdos comerciales internacionales y otros instrumentos políticos y económicos.

De la misma manera, estamos de acuerdo con el relator especial sobre la necesidad de promover modelos de producción que no contribuyan al cambio climático. Esto significa, entre otras cosas, la promoción de los sistemas agroalimentarios que sean menos dependientes de los combustibles fósiles y, por tanto, de agroquímicos, maquinaria y sistemas dependientes de organismos modificados genéticamente. Igualmente, los alimentos no deben viajar grandes distancias desde su lugar de producción a donde se consume debido a las emisiones contaminantes que esto conlleva.

También queremos atraer la atención a las importantes recomendaciones de la Evaluación Internacional del papel del Conocimiento, la Tecnología y la Ciencia en el Desarrollo Agrícola (IAASTD). A este respecto, hacemos hincapié en la necesidad de promover la ordenación sostenible por etapas de los sistemas agroalimentarios en su producción, transformación y consumo. Creemos que la sostenibilidad radica en entes locales y diversificados agroecológicamente, en la producción de alimentos y en la urgencia de pasar de un intenso sistema industrial a uno local-regional, más racional y diverso. En el contexto urbano, por ejemplo, la sostenibilidad implica la posibilidad de comprar este tipo de alimentos en una red de diversos mercados al por menor, la creación de puentes entre las personas y los alimentos, y vínculos entre quienes producen y quienes consumen.

La sostenibilidad es totalmente imposible si no se reconoce el derecho del pueblo a recuperar, defender, reproducir, intercambiar, mejorar y hacer crecer sus propias semillas. Semillas que deben ser el patrimonio de las personas al servicio de la humanidad.

Actores interferentes
Evidentemente, hay actores claves que se oponen a la soberanía alimentaria, como producción orientada a la exportación dirigida por las grandes empresas transnacionales. Instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos regionales de desarrollo, junto con la promoción de las organizaciones multilaterales de libre comercio como la Organización Mundial del Comercio (OMC), son actores clave en contra de la soberanía alimentaria. Las políticas de los Estados Unidos y la Unión Europea también van en contra de la soberanía alimentaria

Por esta razón, hay una serie de iniciativas que se presentan como “falsas soluciones” que van en contra de la soberanía alimentaria del pueblo. Entre ellas se encuentran los sistemas de certificación que tienen por objeto la aplicación de modelos insostenibles de producción, junto con los mecanismos que tienen como objetivo la mercantilización de la naturaleza (tales como el desarrollo limpio del Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático), el comercio de carbono, la Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación (REDD), los agro-combustibles en sí mismos y la nueva “revolución verde” de África, impulsada por la African Green Revolution (AGRA).

Próximos pasos
Es el momento de defender un modelo de producción y consumo igualitario y sostenible, y acabar con el impulsado por las grandes empresas, promovidos y financiados por el Banco Mundial, el FMI y la OMC. Tal control empresarial de nuestros sistemas agroalimentarios debe terminar.

Es necesario resistir y desenmascarar a los promotores de falsos modelos que bloquean el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria. Estas políticas nos han llevado a la crisis actual, y estos actores no deben ser parte de la «comunidad internacional» en busca de soluciones.

Hacemos un llamamiento para una defensa colectiva del derecho de las personas a tener acceso a la tierra, a las semillas y al agua para impulsar una auténtica revolución agraria.

* Autores: Vía Campesina (hsaragih@viacampesina.org) y Friends of the Earth International (nnimmo@eraction.org)


Traducido por: Ricardo Cana (180Latitudes)


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